
Bélgica, que ha sido definida a veces como el “estado fallido más exitoso del mundo” es un curioso y extraño país a los ojos de alguien que viene de fuera. Curioso y extraño porque son dos países en uno. Flamencos y valones, o lo que es lo mismo neerlandófonos y francófonos, conviven con ciertas tensiones en un país que alberga la capital de Europa y que debería servir como ejemplo de convivencia entre diferentes lenguas y culturas.
En Objetivo Bruselas hemos querido ir más allá de la política o los grandes titulares de los medios de comunicación y conocer de primera mano cómo es la relación entre las personas de las dos comunidades lingüísticas de Bélgica. Para ello invitamos a nuestro programa a dos jóvenes belgas que, además de contarnos su historia personal en Bruselas, aceptaron nuestra propuesta de debatir sobre la realidad de lo que les separa y lo que les une.
Eline Ghysels, por la parte flamenca, y Mike Cappelle, por la parte francófona, quisieron, en primer lugar, quitar hierro al asunto. Ambos coincidieron en que “hay una división cultural y lingüística evidente” y que supone un alejamiento entre ambas sociedades, pero que no afecta a las relaciones entre las personas y que la lucha política entre una y otra comunidad suele ser exagerada por los medios de comunicación de uno y otro lado.
